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DE LO PINTADO
Salí
a llorar, pero como en poesía me niego a lo lacrimógeno, no lo puse por escrito. No me atribulan quienes me acusan a mis espaldas o por escrito (no lo divulgan) de falta de humildad, los humildes nunca acusan a nadie de falta de humildad. No me oculto, me escabullo: y no es soberbia pensar que no los necesito, he vivido y puedo estar para los restos sin ellos, de viva voz, por escrito, tengo casa, nada debo, no bebo, no fumo, no me atraco de puerco con amarillo, para libros no me falta dinero, entre la pesa cabal y la pesa fraudulenta he vivido lo más posible al fiel: no le miento a mi mujer (a mis hijas) y si recurro de vez en cuando a la mentira lo hago para engañar al IRS (pronúnciese en inglés). Todo se me ha vuelto remoto salvo estar en casa, según horarios, pasando de un quehacer a otro, y tres veces al día de una conversación a otra con Guadalupe, en consonancia con nuestros diferentes modos de ser, comportamiento y naturaleza: escucho, concuerdo, expreso desacuerdo, escucho, dirimimos, y al separarnos se dedica a investigar asuntos de cocina, especias, harinas, medicina homeopática: y yo a enredarme cada vez más entre anáforas y sucedidos gramaticales, sintaxis, figuraciones propias: sucumbo con relativa asiduidad a escribir poesía. Así llamada. Y asimismo al fiel. Entre cabal y fraudulenta. Lo demás, comer. Imaginar mesones castellanos, buhardillas afines al movimiento romántico, mansardas de ciudades francesas de provincias donde pasar leyendo a |
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A LO REAL
Chateaubriand largos inviernos, los más largos inviernos que pueda concebir. Normandía. Bretaña. O luego de pasar tanto frío largarme con Guadalupe a las brazadas, los olivos de Provenza. Ahí, aquí, y cuando era allá, una casa ( y recordar Proverbios 11:29, “Quien perturba su casa heredará viento,”): tengo, sin perturbarla, casa. No me atribulo, y si salgo a llorar a campos devastados por la Historia, lloro por lo venidero que sé repetirán los mismos carniceros de siempre que reconcentraron a los independentistas de mi oriundo lugar, y a mis abuelos (línea paterna) década de los cuarenta, en un país llamado Polonia. Eso, atribula. Y lo pongo por escrito, el mal acrece, abundan malvados, mal intencionados, y más que nada, y resulta penoso, imbéciles con su prole mediocre. Doy un paso lateral, me pongo sin sombra propia de perfil, recurro a mi reducto, letra escrita de un poema, o el libro que yace boca abajo (abierto) sobre la cama, a la espera (poco lo haré esperar). Vivo para leer, escribir, conversar con la Amada, comer a gusto, poco ambicionar, no llorar por escrito, llorar de tanta humana miseria habida y por haber: mejor que peor dormir a diario ocho horas, dejarles a mis hijas unos pesos (eso me ocupa y preocupa) me detengo: escucho un rato cuartetos tempranos de Beethoven, sólo comparan con las doncellas de Ester, son duelo, son llanto y luto, escucho, y veo que no me atribulo, conmociona (Guadalupe) la hermosura, no
daña. |
José Kozer
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DE LO PINTADO A LO REAL
Todo se ha vuelto verdadero: el azor desciende en círculos hambriento, la tojosa vuela en dirección a Cuba, la lógica la componen cuatro reglas, los entes imaginarios rezuman en los libros, los dioses revientan (todo tiene su momento histórico, en un espacio más o menos amplio por no decir reducido) se desparraman, se vuelven incongruentes, y vistos desde lejos resulta incomprensible que ocuparan tanta altura, tuvieran la duración que tuvieron: cómo alcanza tanta densidad, y potencia, la pacotilla. Corre el agua por la acequia y su certidumbre es desbordar los campos durante un tiempo regulado de antemano, función cumplida, verdad corroborada, compuertas cerradas hasta otro día. El abeto es verdadero en cuanto árbol (más que abeto) por el camino me detengo por casualidad y éste, ese abeto es de todos el más verdadero ya que me ha emocionado su aparición. Me retrotrajo a épocas felices (atención, errata y son falaces) en un sitio campestre al norte cercano a un país llamado Canadá, no es más verdadero el abeto que el país, ni ese país es menor cierto que mi lugar natal. No tiene la verdad nada de particular. Es brisa, |
un puñado de ceniza aventado desde una loma por propia disposición cumplida por unos familiares a quienes dejo lo suficiente para llevar a cabo el ritual encomendado (dispersión final) que nada en sí, de por sí, tiene de verdadero. La verdad no tiene continuidad. Acaba donde unos dioses antiguos revientan (reventaron) donde un árbol determinado, abeto en este caso, conmueve a un caminante (en este caso yo) un servidor: se alude a un concepto debatible y más bien fácil de rebatir, o se evoca una imagen que nada tiene que ver con el hecho en sí, ni con lo original y origen de una verdad a la verdad ficción. Todo se ha vuelto verdadero como ficción. Y ahí es donde encuentro no mi verdad sino mi contentamiento. Y como hablo de cosas pasajeras, me sorprende que sean los dioses, el abeto y la Muerte un mismo filamento ajeno a lo falso, a lo verdadero: aparece, se tira de la madeja, se alarga al máximo, se acorta, y por sí mismo, sin la intervención de hilanderas (no son ni una ni tres) cual vidrio que se hace trizas al caer de una altura media, se corta (función cumplida). |
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